Hay días en que el Evangelio no requiere mayores comentarios y cala hondo
al corazón. ¿Cómo sería el mundo, y Chile, si los cristianos nos
relacionáramos como Jesús nos lo pidió?
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Texto del Evangelio (Lc 12,13-21): En aquel tiempo, uno de la gente le dijo:
«Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo».
Él le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?».
Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia,
la vida de uno no está asegurada por sus bienes».
Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».
