Saludos a todos los soñadores!
¿Seguiremos Indignados?
* Discurso con motivo de la conmemoración de los 40 años de la Reforma Universitaria. El coloquio respondía a la pregunta ¿Cuáles son las proyecciones del movimiento estudiantil actual a la luz de la Reforma del ´67?,y se realizó entre Rodrigo de la Calle (Presidente FEUC 2005, socialista); Fernando Zavala (Presidente FEUC 2007, gremialista) y yo.
Buenas noches. Mi más cordial saludo al rector de la Pontificia Universidad Católica, don Pedro Pablo Rosso, a las autoridades universitarias que hoy nos acompañan; quisiera saludar también de manera muy especial al ex rector de la UC, don Fernando Castillo Velasco, y a todos los ex alumnos que participaron, desde sus distintas posiciones, en el proceso de la reforma universitaria iniciado hace ya 40 años en nuestra universidad. Un afectuoso saludo a toda la dirigencia estudiantil actual, compañeros, amigos.
Nos encontramos reunidos, en el marco de estos dos días de coloquios, para conmemorar los 40 años de la Reforma Universitaria de una manera “raramente” especial. Especial, porque ni la Universidad, ni la propia Federación de Estudiantes, han sido capaces de generar actos tan amplios y pluralistas - que puedan ser verdaderamente llamados “espacios académicos” -, sobre el recuerdo y la proyección de uno de los hechos más importantes que ha atravesado la Universidad Católica a lo largo de su historia.
Es muy extraño que hoy estemos reunidos en una misma testera los 3 últimos presidentes de la FEUC; más aún cuando los 3 somos representantes de distintas visiones que hoy confluyen en las pálidas filas de la política universitaria de la UC.
Más adelante volveré sobre un análisis de la situación actual del movimiento estudiantil. Primero quiero dedicar unas cuantas líneas, para transmitir una serie de reflexiones respecto del proceso de Reforma Universitaria en la UC, que tan gratamente me ha tocado conocer y aprender en el transcurso del largo primer semestre, entre muchas reuniones que sirvieron para planificar estos coloquios.
El primer aspecto destacable, y que surge de un análisis muy poco objetivo, es la excesiva admiración que produce en nosotros, los dirigentes actuales, un período tan apasionado, tan “histórico”, que se desarrolló en los mismos pasillos que hoy, frente a nuestros ojos críticos de estudiantes comprometidos, se ven tan vacíos y ausentes de ideales y convicciones (¿habrán sentido lo mismo ustedes en los 60?). Me refiero a esto porque nosotros conocemos la Reforma a través de libros, fotos en blanco y negro, o historias que hemos tenido el privilegio de escuchar. Lamentablemente, cualquiera sea la vía que nos traslade a esa época, es imposible tomarla sin un sesgo propio de nuestras experiencias y creencias, y por qué no decirlo, del sector que provenga el material que estudiamos.
De esas fuentes, se desprenden los envidiables niveles de participación estudiantil, con esa imagen sesentera de jóvenes “terneados” y jovencitas de vestido que, llenos de energía e ideas, estaban dispuestos a hacer de sus proyectos universitarios algo tan importante que valía la pena hacerlos parte de sus vidas. Sin duda la convicción y la seguridad de las ideas que defendían, junto al magnífico acto de trabajar mancomunadamente por los valores que los unían – a pesar de las profundas diferencias que más tarde se harían patentes – fueron fundamentales para llevar adelante la Reforma de la manera en que la conocemos.
Por otro lado, está la visión Cristiana que siempre acompañó sus debates y posturas. Nunca se cuestionó la condición Católica de nuestra Universidad, con posiciones que, aunque diferentes, argumentaban desde un lado o del otro la pertinencia o no de alguna interpretación del Magisterio de la Iglesia. No puedo sino sorprenderme de aquella característica, que refleja la gran riqueza de un debate que sabía reconocer tiempo y espacio; un debate que, en consecuencia, se trató acerca de las interpretaciones de cómo la Iglesia debía hacerse cargo, a través de la Universidad, de las profundas diferencias sociales que se vivieron durante la década del 60, y que eran consecuencia de un sistema poco feliz, que poco a poco destruía la convivencia a nivel nacional.
Finalmente, no puedo dejar de destacar el desenlace de un largo proceso de construcción de argumentos y de negociación, o visto de otra forma, el inicio de los cambios que durante años fueron trabajados por los estudiantes. Tiene un tremendo valor que las exigencias de la reforma fuesen ampliamente compartidas y trabajadas por la dirigencia estudiantil, de todos los sectores. Congresos, e incluso publicaciones, daban cuenta de un trabajo en el que es posible levantar una agenda, ser una verdadera contraparte para una dirección universitaria cuya función es darle sentido a la misión de la Universidad. La profesionalización del cuerpo docente, la apertura de las aulas hacia la sociedad, la democratización en el ingreso a la Educación Superior, en definitiva, el paso de un colegio a una Universidad, no son consecuencia de un liderazgo antojadizo, sino del trabajo desarrollado por una dirigencia que supo dialogar hasta más no poder. Todos conocemos las consecuencias que eso produjo.
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Situación actual
En la actualidad, tema que de seguro manejo mejor que la reforma, y que nos convoca hoy con la pregunta de este coloquio, quiero ser muy franco: desde que entré a la Universidad, salvo contadas excepciones, he sido testigo de un movimiento estudiantil que deja muchísimo que desear.
Para ser contraparte de la Dirección Superior de la Universidad, es necesario construir agendas y levantar propuestas. Ni lo uno ni lo otro sucede hoy día. Tristemente, ni siquiera somos capaces de generar espacios de discusión o reflexión que nos permitan exponer nuestras ideas… sabemos que disentimos, pero no sabemos en qué disentimos.
Estoy convencido de que sin espacios formales, como el Encuentro Estudiantil del año pasado, es sencillamente imposible que los estudiantes podamos influir en los lineamientos de largo plazo de nuestra Universidad… ¿bajo qué criterios?, ¿quién dictamina qué causas proponer, qué espacios defender?, ¿Quién asegura que las federaciones que vengan trabajen por la construcción seria y esforzada que realiza el movimiento estudiantil?
Y es que en este tema hay que ser muy claros: el país, la sociedad, las otras universidades, las autoridades universitarias, los funcionarios, profesores y nuestros mismos compañeros, esperan mucho de los estudiantes de
Debemos trabajar por potenciar el movimiento estudiantil de la universidad, pasando del éxito producto de liderazgos ocasionales y eventos fortuitos, a un éxito institucionalizado que debe seguir fortaleciéndose.
Ahora más que nunca estoy convencido que para generar transformaciones universitarias y sociales profundas, e influir desde la excelente tribuna y plataforma que ofrece la política universitaria, necesitamos la validación de la acción colectiva como la única fórmula para lograr los distintos objetivos que los estudiantes de
Los estudiantes tenemos la obligación y el derecho de convertirnos en actores relevantes dentro de nuestra universidad. Pero ese derecho no tiene sustento en la medida que nuestras consignas respondan a un “porque sí”. Es necesario presentar propuestas, concebir una visión conjunta de la universidad que queremos, y lo más importante, ser responsables a la hora de ocupar los espacios que ganamos.
Creo interpretar, de las reuniones que he sostenido con los protagonistas de la Reforma que hoy cumple 40 años, que muchas veces las rencillas producto de pequeñas diferencias no valieron la pena. Hace 3 días me tocó escuchar, en otro salón de la Casa Central, como uno de los ex presidentes FEUC de los años 70 hablaba de enemigos irreconciliables, de personas cuyo objetivo oculto es destruir la sociedad, destruir al hombre. Esa percepción hoy no tiene ningún sentido. Es nefasta. No se justifica.
Pero por alguna razón, muchos de quienes estamos en esta sala nos hemos formado en un ambiente de odiosidad y malas prácticas, que lamentablemente son el reflejo de lo que vemos en la política a nivel nacional.
En ese ambiente es que surge la Opción independiente. Una opción que no es gremialista, si con eso se entiende escapar de la política o esconder la política detrás de un discurso ya añejo, y tampoco es una opción duramente ideológica, que coarte cualquier capacidad de autonomismo y creación. Es una opción renovada, juvenil y pragmática.
Hace un par de años nadie hubiese pensado que los independientes podían llegar a la federación más representativa de las fuerzas políticas a nivel nacional. Un grupo sin nexos externos, sin financiamiento, sin máquinas eleccionarias, y lo más importante, sin historia. Pero ¡lo logramos!, y vaya de qué manera. Nuestro gran desafío el 2006 fue llevar a la práctica los principios y valores de la Opción Independiente, dándole forma y sustento a esta nueva forma de política universitaria, llena de creación, innovación y transparencia. Muchas veces consideramos nuestras acciones como “la primera vez”, pues a pesar de que muchas iniciativas han estado siempre en el imaginario de los autodenominados grupos democráticos, éstas nunca se habían realizado con un afán de integración y participación transversal, lo que a futuro asegura el éxito de iniciativas que deben ser defendidas por todos los estudiantes.
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Agenda al 2007
Desde esa plataforma quiero precisar ahora cuáles considero los desafíos más relevantes del movimiento estudiantil actual.
La Universidad Católica, actualmente, se perfila como una de las Universidades más relevantes en términos de investigación: su meta es estar dentro de las 200 Universidades más importantes del mundo, ser una Universidad de excelencia.
Mi impresión, es que la Reforma dejó grandes cambios en la Universidad. Hoy nadie puede dudar de la profesionalización de sus maestros, de la objetividad de sus criterios de selección, de la infraestructura de primera. Cuesta mucho dudar incluso, de su compromiso con la comunidad. Pero aún así, me cabe la duda si es misión de una Universidad Católica estar entre las 200 mejores Universidades del mundo, bajo parámetros externos que pocas veces se ajustan a la realidad de nuestro país.
Hoy, no es sencillo afirmar que la UC esté cumpliendo cabalmente los lineamientos de la Iglesia. Para eso, se necesita una Universidad absolutamente abierta al país, que forme profesionales íntegros, comprometidos, conocedores de su realidad. Que permita la discusión de opiniones divergentes, la confluencia de realidades distintas, que sea símbolo de la unión en la diversidad.
Es imposible mantenerse conforme con los resultados de la Universidad mientras aun existan en Chile las grandes desigualdades que dividen al país. Es imposible estar conforme cuando desde nuestra dirección superior surgen proyectos que buscan subjetivizar el ingreso a la universidad. Es imposible estar conforme cuando los estudiantes no participan de los espacios que la misma Universidad ofrece para participar. Es imposible estar conforme cuando una Universidad no es capaz de abrirse a analizar su historia, reconocer lo bueno y lo malo, aprender, cambiar, jugársela por entero para estar al servicio de un país que nos necesita.
Para lograrlo, es necesario impulsar la primera de las medidas: la negociación de los currículos de estudio. La esencia de la democratización de las Universidades tiene que ver con la capacidad de los estudiantes de ser forjadores de su formación. De participar de la definición de sus cátedras. De elegir el currículo que quieren estudiar. Si bien hoy ese espacio está presente, son pocos los estudiantes que lo hacen valer. He ahí otro de los grandes errores de la dirigencia actual.
En otro ámbito, anoche, en este mismo podio, el Rector Pedro Rosso citó, para ejemplificar de qué forma la Iglesia actual es más precisa que hace 40 años al momento de definir los lineamientos que deben cumplir sus universidades, la Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre las Universidades Católicas, Ex Corde Ecclesiae. Hoy quiero citar un párrafo posterior de esa misma encíclica.
“
De la Constitución Apostólica, se desprendió el haber instalado el año pasado la necesidad de que los estudiantes participemos activamente en la discusión y definición de las grandes políticas que rigen a nuestra universidad. Esto nos es co-gobierno universitario. Queremos y demandamos un Senado Universitario para
Me queda la última medida. Ésta debe perfilarse como la gran Reforma de nuestros tiempos: la Responsabilidad Social Universitaria. Y aquí ya no es un tema singular de la Universidad Católica. Tengo la más profunda convicción que las Universidades son capaces -y por ende responsables- de cambiar Chile profunda y definitivamente haciendo de este un país más justo. El Sistema Universitario chileno debe hacerse cargo, dentro de su pertinencia, de la injusticia, la pobreza y la desigualdad que existe en nuestra sociedad. Las Universidades deben ser las constructoras del país que los universitarios soñamos.
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Últimas consideraciones
Como estudiantes universitarios, estamos llamados a impulsar nuevas propuestas y avanzar con reformas que apunten a generar soluciones para las actuales problemáticas de
Ser reformista es pensar en una universidad socialmente comprometida que sale de su burbuja, de sus cuatro paredes, para conectarse con la sociedad. Hoy vemos que existen diversas vías para manifestar ese compromiso: ONGs nacidas desde la UC, proyectos conducidos desde la UC, la actividad política que se genera dentro de nuestros campus, etc. Pero, ¿es suficiente? Ser reformista es ser parte de ese compromiso social, de su acción y/o promoción; es hacer siempre presente (no sólo "tener" presente) nuestro compromiso personal con una sociedad más justa.
Ser reformista es pensar que el ser humano debe crecer y educarse integralmente en la cultura, no sólo pasar por la Universidad siguiendo una estuctura de ramos cual colegio. El currículum flexible nace de la reforma. Ser reformista es aprovechar al máximo, según los talentos de cada cual, las instancias de flexibilidad curricular que ofrece la Universidad para aprender a dialogar con otras disciplinas, constituirse en un profesional más integral y al mismo tiempo con un profundo conocimiento de su disciplina particular; es cultivar aquellos conocimientos que nos ayuden a ser seres humanos con una reflexión interna permanente, ciudadanos con herramientas que nos permitan entender y transformar la sociedad.
Ser reformista es pensar que todos los miembros de la comunidad universitaria tienen algo que decir en la construcción de la Universidad, tal como todos tenemos algo que aportar en la construcción de la sociedad. Significa entender la sociedad no como un conjunto de estamentos, sino como un grupo diverso que es capaz de dialogar. Ser reformista es promover la participación, instalar un debate, sumar a todos a la construcción conjunta.
Hoy, frente a estos temas no es momento de mirar 40 años atrás y sentarnos a evaluar. Hoy es momento de mirar al futuro y avanzar, porque estoy seguro, completamente seguro, que la Universidad Católica que la mayoría de la Comunidad Universitaria anhela, que la Iglesia anhela, está mucho más cerca de lograrse que hace 40 años atrás.
Muchas Gracias.
