jueves, agosto 23, 2007

INDIGNADO

Hace 2 años, por un buen tiempo, parecía que nada nos iba a detener...


Saludos a todos los soñadores!


¿Seguiremos Indignados?

SOÑANDO CHILE
Hoy, hablamos de ricos y pobres. Nuestros padres fueron pinochetistas y marxistas. Nuestros abuelos, liberales y conservadores. Y no importa cuanto nos remontemos, pues antes que ellos hubo pipiolos y pelucones, realistas y patriotas. Chile siempre ha encontrado un bando al que afiliarse, y una razón por la cual dividirse. Las sociedades tienden naturalmente a agruparse en esferas de pertenencia y a elaborar propuestas políticas diversas -es parte del diálogo social- pero algo triste hay en el caso chileno, y es que estas particiones han estado marcadas por la hostilidad. No nos diferenciamos sólo para ofrecer alternativas: sembramos nuestras polarizaciones de desconfianza, de miedos y de prejuicios. ¿Es que el proceso de gestación del pueblo chileno nunca acabará? Creemos que, en vísperas del Bicentenario, estamos al fin en edad de dar a luz a un país maduro. La cicatriz actual es más honda y dolorosa; una que doscientos años no ha sido capaz de borrar.
Nos llena de vergüenza el que seamos capaces de reconocer la posición social del prójimo por su modo de hablar. Nos entristece que ese reconocimiento modifique el trato mutuo, porque hallamos ahí el origen de las injusticias sociales. Nos apena que la distribución de nuestro ingreso sea una de las menos equitativas del mundo, porque valoramos profundamente la dignidad . Nos indigna que aún, ¡aún!, hayan campamentos de indigentes, y que sean siempre los mismos los que sufren cuando la naturaleza nos remece. No dejemos de asombrarnos ante estas heridas. El que hayan estado ahí antes que nosotros nos hace olvidar su profundidad, pero nos dañan. ¡Despertemos! Lavemos nuestras heridas y hagamos de Chile una comunidad. Sentemos las bases para una nueva identidad nacional, una que valga la pena. Es necesario. Es posible.
CHILE ME INDIGNAS
CHILE, TE QUIERO
¿juntémonos?

miércoles, agosto 22, 2007

Sin Justicia Social no hay Democracia Integral

Hace tiempo que la Iglesia venía recibiendo críticas por su alejamiento de los problemas sociales que inundan a nuestro país.

Poca capacidad de empatizar con trabajadores, pobladores de campamentos, jóvenes, etc. etc. En síntesis, un discurso muy centrado en lo valórico (si por valórico se entienden temas relativos a lo sexual o al "derecho a la vida"), pero muy alejado de un concepto que el Padre Hurtado tuvo la gracia de reflejar: la justicia social.

Luego de que Monseñor Goic pusiera en el tapete la discusión sobre el salario mínimo, hemos tenido una serie de reacciones que la Conferencia Episcopal redondea hoy a través de la siguiente declaración.

La pongo en el blog, primero porque encuentro notable la incipiente cruzada de la Iglesia por abordar estos temas, y tmbién porque cuesta mucho que este tipo de declaraciones se masifiquen entre la opinión pública.


Sin Justicia Social no hay Democracia Integral

1. En este Mes de la Solidaridad los chilenos hemos sido testigos de un debate nacional sobre la equidad. Nos urge enfrentar como sociedad este apremiante tema de fondo.

2. En el reciente conflicto en Codelco, fue posible alcanzar acuerdos mediante el contacto directo entre las partes involucradas, pese a la complejidad del tema y a los obstáculos existentes. Estos acuerdos se lograron gracias a la ayuda que prestó el Obispo de Rancagua, con su disponibilidad permanente para facilitar el diálogo.

3. Como consecuencia de ese hecho y de las demandas crecientes de organizaciones de trabajadores, diversos sectores del país han acogido positivamente el llamado que ha hecho el Presidente de la Conferencia Episcopal a asumir la deuda pendiente, en cuanto a una mejor distribución de la riqueza, y la compensación ética y digna del trabajo humano.

4. Interpelados por el Evangelio, por la doctrina social de la Iglesia y por el testimonio de nuestros santos y mártires, abordamos estas materias desde la misión de pastores que nos ha sido confiada. Lo hacemos porque a la conciencia cristiana de Chile no le puede resultar indiferente el sufrimiento de tantos hombres y mujeres -trabajadores, jubilados, pensionados y montepiados-, que no logran vivir con dignidad si no acceden a un ingreso que permita a una familia satisfacer sus necesidades básicas acordes con la naturaleza de quienes son hijos de Dios.

5. Creemos que las decisiones económicas y las políticas públicas deben estar siempre motivadas por el bien de las personas, considerando de un modo privilegiado a los más vulnerables, a los más pobres. No podemos resignarnos a aceptar la inequidad y la injusticia social como datos de la realidad. No podemos separar la ética de la vida ni de la economía.

6. Es por ello que consideramos imprescindible lograr acuerdos consensuados entre el gobierno y la oposición en favor de la equidad, de modo que las políticas públicas y los emprendimientos del sector privado promuevan la creación de empleo, especialmente en los sectores más necesitados, e impulsen la productividad. También es necesario llegar a un acuerdo nacional que dé a la educación de calidad la prioridad que se merece. Sin estas medidas en el orden laboral y educacional no lograremos reducir substancialmente las brechas de ingreso que existen en nuestra sociedad.

7. Agradecemos sinceramente a todas las personas e instituciones que han acogido nuestro llamado a promover la justicia y la equidad con buena disposición y búsqueda de propuestas. Ante la proximidad del Bicentenario, no quisiéramos que esta voluntad quedara archivada como una más entre las buenas intenciones. Por eso, sentimos nuestro deber, como Obispos de la Iglesia Católica, perseverar en nuestro empeño de invitar a la sociedad a dar nuevos pasos en este camino.

8. Hacemos un llamado al diálogo nacional que incluya todas las miradas que busquen el progreso de nuestro país y de las familias más pobres, para acercar posiciones y lograr acuerdos entre los actores con mayor responsabilidad por el bien común, y de esta manera, puedan impulsar las medidas que conduzcan a una patria con mayor justicia social. De nuestra parte, siempre estaremos dispuestos a motivar dicho diálogo y a facilitarlo. Invitamos a comprometerse en él a los católicos y a las personas de buena voluntad que sirven en el mundo laboral, político, académico, científico y comunicacional.

9. Tal como expresábamos en nuestra declaración del 18 de julio pasado, necesitamos “escucharnos y abrirnos a buscar soluciones que integren los distintos puntos de vista, para resolver los dramáticos problemas de pobreza y trabajo precario”. Creemos en el diálogo y por eso hacemos este llamado. Nuestra Iglesia está dispuesta a colaborar en él, cumpliendo así el encargo que recibió de Jesucristo y por el cual nos juzgará un día. (cfr. Mt 25, 31ss).

10. “Sin justicia social no puede existir democracia integral”, nos decía san Alberto Hurtado, cuya fiesta recordamos este 18 de agosto, Día de la Solidaridad. Que su testimonio inspire el diálogo y que éste produzca abundante fruto. Todo ello se lo encomendamos a la protección de María Reina, Madre de Jesús, cuyo reino no tendrá fin.



EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE


† Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua
Presidente


† Gonzalo Duarte García de Cortázar
Obispo de Valparaíso
Vicepresidente


† Francisco Javier Errázuriz Ossa
Cardenal Arzobispo de Santiago


† Ricardo Ezzati Andrello
Arzobispo de Concepción


† Cristián Contreras Villarroel
Obispo Auxiliar de Santiago
Secretario General



Santiago de Chile, 22 de agosto de 2007.

lunes, agosto 13, 2007

La reforma en tiempos actuales*

* Discurso con motivo de la conmemoración de los 40 años de la Reforma Universitaria. El coloquio respondía a la pregunta ¿Cuáles son las proyecciones del movimiento estudiantil actual a la luz de la Reforma del ´67?,y se realizó entre Rodrigo de la Calle (Presidente FEUC 2005, socialista); Fernando Zavala (Presidente FEUC 2007, gremialista) y yo.

Buenas noches. Mi más cordial saludo al rector de la Pontificia Universidad Católica, don Pedro Pablo Rosso, a las autoridades universitarias que hoy nos acompañan; quisiera saludar también de manera muy especial al ex rector de la UC, don Fernando Castillo Velasco, y a todos los ex alumnos que participaron, desde sus distintas posiciones, en el proceso de la reforma universitaria iniciado hace ya 40 años en nuestra universidad. Un afectuoso saludo a toda la dirigencia estudiantil actual, compañeros, amigos.

Nos encontramos reunidos, en el marco de estos dos días de coloquios, para conmemorar los 40 años de la Reforma Universitaria de una manera “raramente” especial. Especial, porque ni la Universidad, ni la propia Federación de Estudiantes, han sido capaces de generar actos tan amplios y pluralistas - que puedan ser verdaderamente llamados “espacios académicos” -, sobre el recuerdo y la proyección de uno de los hechos más importantes que ha atravesado la Universidad Católica a lo largo de su historia.

Es muy extraño que hoy estemos reunidos en una misma testera los 3 últimos presidentes de la FEUC; más aún cuando los 3 somos representantes de distintas visiones que hoy confluyen en las pálidas filas de la política universitaria de la UC.

Más adelante volveré sobre un análisis de la situación actual del movimiento estudiantil. Primero quiero dedicar unas cuantas líneas, para transmitir una serie de reflexiones respecto del proceso de Reforma Universitaria en la UC, que tan gratamente me ha tocado conocer y aprender en el transcurso del largo primer semestre, entre muchas reuniones que sirvieron para planificar estos coloquios.

El primer aspecto destacable, y que surge de un análisis muy poco objetivo, es la excesiva admiración que produce en nosotros, los dirigentes actuales, un período tan apasionado, tan “histórico”, que se desarrolló en los mismos pasillos que hoy, frente a nuestros ojos críticos de estudiantes comprometidos, se ven tan vacíos y ausentes de ideales y convicciones (¿habrán sentido lo mismo ustedes en los 60?). Me refiero a esto porque nosotros conocemos la Reforma a través de libros, fotos en blanco y negro, o historias que hemos tenido el privilegio de escuchar. Lamentablemente, cualquiera sea la vía que nos traslade a esa época, es imposible tomarla sin un sesgo propio de nuestras experiencias y creencias, y por qué no decirlo, del sector que provenga el material que estudiamos.

De esas fuentes, se desprenden los envidiables niveles de participación estudiantil, con esa imagen sesentera de jóvenes “terneados” y jovencitas de vestido que, llenos de energía e ideas, estaban dispuestos a hacer de sus proyectos universitarios algo tan importante que valía la pena hacerlos parte de sus vidas. Sin duda la convicción y la seguridad de las ideas que defendían, junto al magnífico acto de trabajar mancomunadamente por los valores que los unían – a pesar de las profundas diferencias que más tarde se harían patentes – fueron fundamentales para llevar adelante la Reforma de la manera en que la conocemos.

Por otro lado, está la visión Cristiana que siempre acompañó sus debates y posturas. Nunca se cuestionó la condición Católica de nuestra Universidad, con posiciones que, aunque diferentes, argumentaban desde un lado o del otro la pertinencia o no de alguna interpretación del Magisterio de la Iglesia. No puedo sino sorprenderme de aquella característica, que refleja la gran riqueza de un debate que sabía reconocer tiempo y espacio; un debate que, en consecuencia, se trató acerca de las interpretaciones de cómo la Iglesia debía hacerse cargo, a través de la Universidad, de las profundas diferencias sociales que se vivieron durante la década del 60, y que eran consecuencia de un sistema poco feliz, que poco a poco destruía la convivencia a nivel nacional.

Finalmente, no puedo dejar de destacar el desenlace de un largo proceso de construcción de argumentos y de negociación, o visto de otra forma, el inicio de los cambios que durante años fueron trabajados por los estudiantes. Tiene un tremendo valor que las exigencias de la reforma fuesen ampliamente compartidas y trabajadas por la dirigencia estudiantil, de todos los sectores. Congresos, e incluso publicaciones, daban cuenta de un trabajo en el que es posible levantar una agenda, ser una verdadera contraparte para una dirección universitaria cuya función es darle sentido a la misión de la Universidad. La profesionalización del cuerpo docente, la apertura de las aulas hacia la sociedad, la democratización en el ingreso a la Educación Superior, en definitiva, el paso de un colegio a una Universidad, no son consecuencia de un liderazgo antojadizo, sino del trabajo desarrollado por una dirigencia que supo dialogar hasta más no poder. Todos conocemos las consecuencias que eso produjo.

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Situación actual

En la actualidad, tema que de seguro manejo mejor que la reforma, y que nos convoca hoy con la pregunta de este coloquio, quiero ser muy franco: desde que entré a la Universidad, salvo contadas excepciones, he sido testigo de un movimiento estudiantil que deja muchísimo que desear.

Para ser contraparte de la Dirección Superior de la Universidad, es necesario construir agendas y levantar propuestas. Ni lo uno ni lo otro sucede hoy día. Tristemente, ni siquiera somos capaces de generar espacios de discusión o reflexión que nos permitan exponer nuestras ideas… sabemos que disentimos, pero no sabemos en qué disentimos.

Estoy convencido de que sin espacios formales, como el Encuentro Estudiantil del año pasado, es sencillamente imposible que los estudiantes podamos influir en los lineamientos de largo plazo de nuestra Universidad… ¿bajo qué criterios?, ¿quién dictamina qué causas proponer, qué espacios defender?, ¿Quién asegura que las federaciones que vengan trabajen por la construcción seria y esforzada que realiza el movimiento estudiantil?

Y es que en este tema hay que ser muy claros: el país, la sociedad, las otras universidades, las autoridades universitarias, los funcionarios, profesores y nuestros mismos compañeros, esperan mucho de los estudiantes de la Pontificia Universidad Católica. Pero resulta impresionante ver como hemos perdido años de trabajo y de posicionamiento como un gran referente juvenil a nivel nacional producto de nuestra poca capacidad de dialogar y de hacer política.

Debemos trabajar por potenciar el movimiento estudiantil de la universidad, pasando del éxito producto de liderazgos ocasionales y eventos fortuitos, a un éxito institucionalizado que debe seguir fortaleciéndose.

Ahora más que nunca estoy convencido que para generar transformaciones universitarias y sociales profundas, e influir desde la excelente tribuna y plataforma que ofrece la política universitaria, necesitamos la validación de la acción colectiva como la única fórmula para lograr los distintos objetivos que los estudiantes de la UC se propongan.

Los estudiantes tenemos la obligación y el derecho de convertirnos en actores relevantes dentro de nuestra universidad. Pero ese derecho no tiene sustento en la medida que nuestras consignas respondan a un “porque sí”. Es necesario presentar propuestas, concebir una visión conjunta de la universidad que queremos, y lo más importante, ser responsables a la hora de ocupar los espacios que ganamos.

Creo interpretar, de las reuniones que he sostenido con los protagonistas de la Reforma que hoy cumple 40 años, que muchas veces las rencillas producto de pequeñas diferencias no valieron la pena. Hace 3 días me tocó escuchar, en otro salón de la Casa Central, como uno de los ex presidentes FEUC de los años 70 hablaba de enemigos irreconciliables, de personas cuyo objetivo oculto es destruir la sociedad, destruir al hombre. Esa percepción hoy no tiene ningún sentido. Es nefasta. No se justifica.

Pero por alguna razón, muchos de quienes estamos en esta sala nos hemos formado en un ambiente de odiosidad y malas prácticas, que lamentablemente son el reflejo de lo que vemos en la política a nivel nacional.

En ese ambiente es que surge la Opción independiente. Una opción que no es gremialista, si con eso se entiende escapar de la política o esconder la política detrás de un discurso ya añejo, y tampoco es una opción duramente ideológica, que coarte cualquier capacidad de autonomismo y creación. Es una opción renovada, juvenil y pragmática.

Hace un par de años nadie hubiese pensado que los independientes podían llegar a la federación más representativa de las fuerzas políticas a nivel nacional. Un grupo sin nexos externos, sin financiamiento, sin máquinas eleccionarias, y lo más importante, sin historia. Pero ¡lo logramos!, y vaya de qué manera. Nuestro gran desafío el 2006 fue llevar a la práctica los principios y valores de la Opción Independiente, dándole forma y sustento a esta nueva forma de política universitaria, llena de creación, innovación y transparencia. Muchas veces consideramos nuestras acciones como “la primera vez”, pues a pesar de que muchas iniciativas han estado siempre en el imaginario de los autodenominados grupos democráticos, éstas nunca se habían realizado con un afán de integración y participación transversal, lo que a futuro asegura el éxito de iniciativas que deben ser defendidas por todos los estudiantes.

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Agenda al 2007

Desde esa plataforma quiero precisar ahora cuáles considero los desafíos más relevantes del movimiento estudiantil actual.

La Universidad Católica, actualmente, se perfila como una de las Universidades más relevantes en términos de investigación: su meta es estar dentro de las 200 Universidades más importantes del mundo, ser una Universidad de excelencia.

Mi impresión, es que la Reforma dejó grandes cambios en la Universidad. Hoy nadie puede dudar de la profesionalización de sus maestros, de la objetividad de sus criterios de selección, de la infraestructura de primera. Cuesta mucho dudar incluso, de su compromiso con la comunidad. Pero aún así, me cabe la duda si es misión de una Universidad Católica estar entre las 200 mejores Universidades del mundo, bajo parámetros externos que pocas veces se ajustan a la realidad de nuestro país.

Hoy, no es sencillo afirmar que la UC esté cumpliendo cabalmente los lineamientos de la Iglesia. Para eso, se necesita una Universidad absolutamente abierta al país, que forme profesionales íntegros, comprometidos, conocedores de su realidad. Que permita la discusión de opiniones divergentes, la confluencia de realidades distintas, que sea símbolo de la unión en la diversidad.

Es imposible mantenerse conforme con los resultados de la Universidad mientras aun existan en Chile las grandes desigualdades que dividen al país. Es imposible estar conforme cuando desde nuestra dirección superior surgen proyectos que buscan subjetivizar el ingreso a la universidad. Es imposible estar conforme cuando los estudiantes no participan de los espacios que la misma Universidad ofrece para participar. Es imposible estar conforme cuando una Universidad no es capaz de abrirse a analizar su historia, reconocer lo bueno y lo malo, aprender, cambiar, jugársela por entero para estar al servicio de un país que nos necesita.

Para lograrlo, es necesario impulsar la primera de las medidas: la negociación de los currículos de estudio. La esencia de la democratización de las Universidades tiene que ver con la capacidad de los estudiantes de ser forjadores de su formación. De participar de la definición de sus cátedras. De elegir el currículo que quieren estudiar. Si bien hoy ese espacio está presente, son pocos los estudiantes que lo hacen valer. He ahí otro de los grandes errores de la dirigencia actual.

En otro ámbito, anoche, en este mismo podio, el Rector Pedro Rosso citó, para ejemplificar de qué forma la Iglesia actual es más precisa que hace 40 años al momento de definir los lineamientos que deben cumplir sus universidades, la Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre las Universidades Católicas, Ex Corde Ecclesiae. Hoy quiero citar un párrafo posterior de esa misma encíclica.

La Universidad Católica persigue sus propios objetivos también mediante el esfuerzo por formar una comunidad auténticamente humana, animada por el espíritu de Cristo. La fuente de su unidad deriva de su común consagración a la verdad, de la idéntica visión de la dignidad humana y, en último análisis, de la persona y del mensaje de Cristo que da a la Institución su carácter distintivo. Como resultado de este planteamiento, la Comunidad universitaria está animada por un espíritu de libertad y de caridad, y está caracterizada por el respeto recíproco, por el diálogo sincero y por la tutela de los derechos de cada uno. Ayuda a todos sus miembros a alcanzar su plenitud como personas humanas. Cada miembro de la Comunidad, a su vez, coadyuva para promover la unidad y contribuye, según su propia responsabilidad y capacidad, en las decisiones que tocan a la Comunidad misma, así como a mantener y reforzar el carácter católico de la institución.”

De la Constitución Apostólica, se desprendió el haber instalado el año pasado la necesidad de que los estudiantes participemos activamente en la discusión y definición de las grandes políticas que rigen a nuestra universidad. Esto nos es co-gobierno universitario. Queremos y demandamos un Senado Universitario para la UC, en el que estudiantes, académicos y funcionarios, representados justamente, puedan poner sobre la mesa los puntos más relevantes de cada uno, comprometiéndose con el éxito en la implementación de cada política que decida el Consejo Superior. Con sorpresa escuché, en el mismo foro de hace dos días, que el MG siempre estuvo de acuerdo con participar en el diseño de las políticas universitarias, mas no en su implementación por no ser pertinente para los estudiantes. Si sus creencias no han cambiado, creo que el acuerdo en esta materia es más amplio del que imaginamos, y en el Encuentro Universitario comprometido por el Rector para el 2008, éste debiese ser uno de sus ejes fundamentales.

Me queda la última medida. Ésta debe perfilarse como la gran Reforma de nuestros tiempos: la Responsabilidad Social Universitaria. Y aquí ya no es un tema singular de la Universidad Católica. Tengo la más profunda convicción que las Universidades son capaces -y por ende responsables- de cambiar Chile profunda y definitivamente haciendo de este un país más justo. El Sistema Universitario chileno debe hacerse cargo, dentro de su pertinencia, de la injusticia, la pobreza y la desigualdad que existe en nuestra sociedad. Las Universidades deben ser las constructoras del país que los universitarios soñamos.

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Últimas consideraciones

Como estudiantes universitarios, estamos llamados a impulsar nuevas propuestas y avanzar con reformas que apunten a generar soluciones para las actuales problemáticas de la Educación Superior en Chile. Debemos, por lo tanto, mantener nuestro espíritu reformista.

Ser reformista es pensar en una universidad socialmente comprometida que sale de su burbuja, de sus cuatro paredes, para conectarse con la sociedad. Hoy vemos que existen diversas vías para manifestar ese compromiso: ONGs nacidas desde la UC, proyectos conducidos desde la UC, la actividad política que se genera dentro de nuestros campus, etc. Pero, ¿es suficiente? Ser reformista es ser parte de ese compromiso social, de su acción y/o promoción; es hacer siempre presente (no sólo "tener" presente) nuestro compromiso personal con una sociedad más justa.

Ser reformista es pensar que el ser humano debe crecer y educarse integralmente en la cultura, no sólo pasar por la Universidad siguiendo una estuctura de ramos cual colegio. El currículum flexible nace de la reforma. Ser reformista es aprovechar al máximo, según los talentos de cada cual, las instancias de flexibilidad curricular que ofrece la Universidad para aprender a dialogar con otras disciplinas, constituirse en un profesional más integral y al mismo tiempo con un profundo conocimiento de su disciplina particular; es cultivar aquellos conocimientos que nos ayuden a ser seres humanos con una reflexión interna permanente, ciudadanos con herramientas que nos permitan entender y transformar la sociedad.

Ser reformista es pensar que todos los miembros de la comunidad universitaria tienen algo que decir en la construcción de la Universidad, tal como todos tenemos algo que aportar en la construcción de la sociedad. Significa entender la sociedad no como un conjunto de estamentos, sino como un grupo diverso que es capaz de dialogar. Ser reformista es promover la participación, instalar un debate, sumar a todos a la construcción conjunta.

Hoy, frente a estos temas no es momento de mirar 40 años atrás y sentarnos a evaluar. Hoy es momento de mirar al futuro y avanzar, porque estoy seguro, completamente seguro, que la Universidad Católica que la mayoría de la Comunidad Universitaria anhela, que la Iglesia anhela, está mucho más cerca de lograrse que hace 40 años atrás.

Muchas Gracias.


miércoles, agosto 08, 2007

Palabras de Juventud


Mis últimos 6 meses han estado absolutamente marcados por el aprendizaje y la conmemoración de los 40 años de la reforma universitaria en la UC.

Es sin duda un tema apasionante, que será fruto de algún posterior análisis.

Mientras tanto, y repitiendo la invitación a los coloquios que comienzan mañana, les dejo un par de párrafos del discurso "Palabras de Juventud" que Miguel Ángel Solar (Presidente FEUC 1967, líder de la reforma) pronunció con motivo de la condecoración Doctor Honoris Causa que la UC le concedió a Pablo Neruda, a petición de los estudiantes... ¡Qué ganas de escuchar cosas así en estos tiempos!

..."En medio de esta quejumbre colectiva, un chispazo, reducido pero intenso, ilumina el panorama sombrío. Es alguien que se rebela, es alguien que dice "no estoy satisfecho"; es la juventud que toma la ofensiva de la vida. Y el alma colectiva dirige sus ojos -esperanzados algunos, temerosos otros- hacia ese fulgor de vida al cien por ciento. Y en esta patria joven ayer sólo fundada, territorio aún verde, una juventud universitaria, que tiene la edad de la patria, dice NO, dice que el camino que se le ofrece en la Universidad no la conduce a la alegría sino al vacío, y a la complicidad con lo malsano. Y esta juventud toma, físicamente, en sus manos sus lugares de trabajo, sus universidades, y en gesto vivo promete comenzar a romper allí el ciclo de frustración y la desesperanza, y abrir una veta ancha para lo nuevo. La reforma Universitaria se desencadena bajo un mandato irrevocable: conquistarla para el pueblo, colocarla al servicio de los profundos intereses de los trabajadores. Y el joven sale a la calle, proclama sus verdades, llena las páginas de los diarios, salta al primer plano."...

..."
El joven que no rechace sus sueños sino que madure; que no rechace su dolor, sino que asuma; que no se ensimisme en su yo, sino que utilice sus manos para trabajar, ese joven será apto para el ejercicio de la libertad. El mito de la juventud nos trata de convencer que somos libres a través de la falacia de la ideología individualista que centra toda la libertad en la permanente posibilidad de elegir, en el poder hacer lo que se quiera. Digámoslo de una vez: es cierto que tenemos amplitud donde escoger, pero la libertad sólo existe cuando esa posibilidad se usa, cuando se elige, cuando sometemos la vitalidad a un llamado, a un designio, a un Señor. Y se es más libre mientras mayor sea el Señor, que enseñoreándose sobre nuestras vidas, nos haga crecer. Para algunos el Señor será el dinero; para otros, el prestigio o el poder; para los soberbios, el Señor serán ellos mismos. Para los hombres justos de todas las épocas, el Señor son los hombres, es el prójimo, es el necesitado, el hambriento, el enfermo, el explotado. El Señor de la historia – el mayor—es el pueblo que dolorosamente trabaja transformando la tierra, construyendo el reino del hombre, la ciudad de Dios. Hoy se llama campesino, artesano, empleado, trabajador, proletario, mujer del pueblo"...

El documento completo lo pueden descargar desde acá.