lunes, noviembre 15, 2010

Jóvenes construyendo una Latinoamérica sin pobreza



Les dejo mi presentación en el TEDxRíodelaPlata, una de mis últimas apariciones como director social de Un Techo para mi País. Aquí trato de expresar las convicciones y sentimientos que movilizan a miles de voluntarios del Techo que, conociendo la realidad en que viven millones de familias de nuestro continente, están determinados a trabajar por transformar esta realidad que nos duele y nos indigna.

jueves, noviembre 11, 2010

Lo sencillo (Mario Orellana)

Mario es dirigente de la Corporación nacional de dirigentes de campamentos y comités de Chile "También somos chilenos".


¿¿¿ Será posible resolver este tema de la pobreza si Dios no está presente…???

Rosita me cuenta que siempre sintió del Techo un aire de importancia; nadie la había considerado por muchos años, y esta institución era la única que la validaba en su calidad de persona, primeramente, y luego ante los demás. Dijo que había llegado un curita re choro que la abrazaba y le decía que se la juegue, que cuente con todo su apoyo para salir adelante, pero que la pega tiene que ser compartida. Tenía un carisma especial este curita… también me dijo que había llegado con un montón de jóvenes que al parecer tenían mucha plata y que podían dedicar sus tiempo a ayudar a resolver este tema. Lo que me dijo muy cuidadosamente era que los jóvenes parece que lo hacían de verdad y no porque no hallaban qué hacer o tuvieran tiempo, sino porque ellos se habían dado cuenta de que habían tenido oportunidades que a otros les faltaban y querían compartirlas con el corazón. Claro que nos era culpa de ellos… por eso querían ayudar.

La gente de nuestro barrio al principio no los pescaba mucho. Decía que eran puros cuicos que tenían plata y tiempo para venir a wevear acá, y que esto -para ellos- era una experiencia para contar cuando fueran viejos, que de seguro alguno diría a los cincuenta… “una vez conocí unos pobres, eran gente muy rara, igual me entretuve con ellos…” como quien cuenta que fue al zoológico y conoció un par de monos, sin desmerecer a los monos.

Durante mucho tiempo pensamos así y llegamos a la conclusión de que la discriminación es para arriba y para abajo; ellos nos discriminan por pobres y nosotros por ricos. El curita dijo que todos éramos iguales, y así se lo enseñaba a sus jóvenes. Traía ideas nuevas, que a nosotros nos acomodaban, y es más, nos hacían sentir importantes. A veces llegaba a hablarnos y nos abrazaba y nos decía muchas cosas… los jóvenes comenzaron a hacer lo mismo; se quedaban en nuestras casas, tomaban desayuno con nuestras tazas sin orejas, y revolvíamos el café con la misma cuchara chica. Cosas que parecen sin importancia, pero que para nosotros eran muy importantes… era compartir de verdad.

Debo confesar, pocas veces nos habló de Dios, pocas veces nos dijo algo del evangelio; parecía que Dios no estaba en nuestro juego, y que todo tenía que ver con la acción solidaria de unos cuantos a favor de los pobres. Poco a poco lo fuimos entendiendo.

Al parecer, su manera de ver y hacer las cosas la fue enseñando a muchos jóvenes que tomaban cartas en el asunto. Ellos también nos iban a ver, y compartían con nosotros, entretanto construíamos un par de mediaguas, un mínimo, nos ayudaron a armar algunos grupos de trabajo, jugaban con los niños, nos entregaban herramientas que habían aprendido en la universidad; les creíamos.

Comenzamos a saber cosas y a interesarnos por otras… no quiero entrar en el tema de la casa; eso ya es por todos sabido.

Pasaron algunos años y el curita que llevaba esta línea de trabajo tuvo que partir a otro lugar. Se había agotado de salir tanto en la tele, y en los diarios, y que cada vez que se hablara de pobreza, lo invitaban a dar su opinión. Como que se había especializado en pobreza, como si la pobreza sólo fuera material de estudio, y que estudiándola se iba solucionando en el mundo.

Nosotros sabíamos que eso pasaba. Siempre aparecía gente en la tele que había hecho estudios en la universidad, de cómo resolver este tema de la pobreza; algunos gobiernos armaban comisiones con gente importante, respetada, gente muy estudiosa, muy inteligente, algunos con una gran sensibilidad, pero con un solo detalle… nunca habían sido pobres.

A nosotros esto a veces nos da hasta risa… decimos, tanto estudio, tanta cosa y a nosotros nadie nos pregunta nada, nadie nos dice cómo tenemos que ajustarnos y alargar las lucas para llegar a fin de mes, nadie nos dice todas las mentiras que tenemos que decir para corromper los métodos de algún beneficio que da la municipalidad o el gobierno, cómo tenemos que hacer para conseguir los útiles y los uniformes para que nuestros hijos puedan estudiar, cómo a veces tenemos que teñir las ropas, acortar las mangas, dar vuelta los cuellos, cocinar para dos días, dejar los zapatos pegándose toda la noche aplastados por el sillón que nos regalo una tía que se compró uno nuevo, cómo inventamos antenas para que nuestros televisores puedan agarrar la señal, cómo nuestros hijos lloran cuando los amigos no los dejan jugar en sus play stations, cómo parchamos los techos con pedazos de fonola, cómo nos ponemos bolsas de nylon en los pies para salir del campamento y no embarrarse la basta de los pantalones, cómo a veces repartimos las camas para que nadie duerma en el suelo, cómo armamos la olla común cuando no se encuentra pega… tantas otras cosas que en los estudios no salen y que el curita sabía porque nos visitaba siempre y tomaba tecito con nosotros, y comía pancito amasado con margarina, como quien estuviera en el mejor restaurant del mundo, compartiendo nuestra mesa y nuestras tazas sin orejas.

Todos nos recordamos de él, y a veces nos da nostalgia que no vuelva. Pero así son las decisiones de un hombre, se toman una vez y no se transan. Nosotros también somos así; por eso nos cuesta confiar en la gente, pero cuando nos encariñamos hacemos lo imposible por atenderlos. Ellos lo saben, los cabros del Techo que fundó el curitatecitos, con los abrazos, con la gracia de despertar y ver que tienes a un extraño durmiendo en el sillón  y no te das cuenta quién es hasta que se despierta y aparece un personaje todo rubio, de ojos claros y te dice… “chuta, se me hizo tarde anoche y mejor no me fui”… entonces uno le dice… es que terminó tarde la mesa de trabajo… ¿querís café? - ¡ya!, responde él… pero tengo que irme a la universidad… la universidad, un lugar que ninguno de nosotros conoce, que a muchos nos hubiera gustado visitar, un lugar un poco exclusivo para los que tienen plata; pero que ellos nos traen a la mesa de trabajo, cada uno de ellos estudia en la universidad y nos enseña cosas que aprende por allá.

Así funciona esta institución. Casi nunca nos hablan de Dios, casi nunca nos dicen amen. Rara vez rezamos cuando comemos algo, pero si hay algo que vamos compartiendo, es que todos somos iguales, sólo que a algunos les llegó la oportunidad y a otros no, pero ellos nos traen parte de sus oportunidades y nosotros las agradecemos.

A veces cuando nos reunimos entre los vecinos nos damos cuenta de lo importante que somos; a veces nos entendemos con solo un par de palabras, cosas sencillas, poco rebuscadas, nos organizamos bien, de acuerdo a lo que vayamos necesitando, nada complicado, cosas que el curita supo descubrir, disfrutar, compartir y valorar.

¿¿¿ Será posible resolver este tema de la pobreza si Dios no está presente…???

A veces no viene directamente, pero envía a sus mejores soldados a decirnos cómo partir el invento. Lo demás, con harto empeño, sale solito.


lunes, noviembre 08, 2010

Hasta pronto y muchas gracias!



Es increíble como uno no se da ni cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. ¡Y lo importante que es ir masticando y dándole vueltas a las experiencias vividas! Estas últimas semanas me he dedicado a revisar mi paso por el Techo y son millones las experiencias, conversaciones, caminatas, sonrisas, llantos, comidas, penas, alegrías, martillazos, kilómetros, sellos en el pasaporte, momentos de desesperación y de sentirse en la cima del mundo, inauguraciones, español, portugués, creole, guaraní, aymara… en fin… son tantas, y tan maravillosas, que a ratos me queda la duda de si aproveché como correspondía cada uno de esos instantes, cada uno de estos años desde el 2007 que son –hasta ahora- los años mejor vividos de mi vida.

Mi relación con el Techo (cuando me refiero al Techo pienso en las personas, los jóvenes y las familias de asentamientos que SON esta institución) es una relación de amor profunda. El amor “a otro” es un amor que con el tiempo se agota, se vuelve rutinario, y por lo tanto tiene fecha de vencimiento. Lo mismo aplica para una institución, para la familia, los amigos y las novias. Y esa es la forma más usual de amar, o era, al menos, la que yo entendía antes de llegar a esta institución. En el Techo aprendí a amar “con otros”, a compartir mi vida, a construir juntos el mundo que juntos soñamos, a poseer de verdad mis pertenencias, entendiendo que solo se poseen verdaderamente cuando se comparten. En el Techo aprendí a vivir en comunidad.

Eso es lo que me llevo (y me siento extraño escribiéndolo en un solo párrafo, yo que estoy acostumbrado a alargar las cosas más de la cuenta, jaja). Por eso, simplemente en estas líneas quiero agradecerles a todos los que construyen el Techo, por ser institución conmigo. Incluso a los que no he tenido el gusto de conocer porque no dio el tiempo ni los viajes, porque se fueron antes de que yo entrara, y a los que desde hoy se sigan incorporando con las mismas ganas y motivaciones que algún día el resto lo hicimos. Y además de agradecer, les recomiendo masticar y darle vueltas a lo que están viviendo, no permitan que el día de su despedida haya la más mínima gota de duda respecto de si le sacaron todo el provecho al tiempo que estuvieron acá.

Me voy con mis convicciones y mis ideales más fortalecidos que nunca. Me voy consciente de que no habrá otro lugar como el Techo, pero no estoy dispuesto a transar nada de lo que aquí he aprendido y vivido. Me voy, también, con la ilusión de que seguiremos siendo institución desde donde nos encontremos en el futuro, trabajando por la justicia social y por el reconocimiento de la dignidad de todas las personas. Me voy feliz de ser latinoamericano y del tremendo regalo que significó conocer los asentamientos de todos los países de mi continente.

Por último, como regalo de despedida, les comparto dos textos que para mi han sido fundamentales en el proceso de entender y revisar mi paso por el Techo. El primero es un poema de Neruda, “Educación del Cacique”, que le pone algo de madurez y sabiduría a las ansiedades propias de los que queremos ser dignos de nuestro pueblo. El segundo es una oración de Luis Espinal, jesuita español que trabajó hasta su muerte por el pueblo boliviano. Se llama “Gastar la vida” y recuerda, humildemente, que no basta solo con tener ganas y hablar de gastar la vida, sino que hay que pedir ayuda permanentemente para lograrlo de verdad.
Nos vemos pronto, compañeros. Un abrazo enorme.

Gastar la Vida

Luis Espinal SJ, jesuita español que luchó hasta su muerte por una Bolivia más justa.



Jesucristo ha dicho:
Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mi, la recobrará en la vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida,
entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;
es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos llenos de lágrimas.

2010, el primer país de América Latina termina con sus asentamientos


La meta “2010 sin asentamientos” ya la querría cualquier país de nuestro continente. Y más allá del día exacto, de si queda un margen estructural, o si los proyectos de vivienda se terminan de construir en un par de años más, el solo hecho de poder dimensionar el número de familias que queda viviendo en campamentos pone a Chile en una posición única y privilegiada frente al resto del continente.

Esa condición aventajada hace que el fin de los campamentos en Chile se convierta en un objetivo regional: es un hito simbólico que revitaliza el trabajo por superar la pobreza y la exclusión, y que al mismo tiempo esperanza los esfuerzos de miles de actores que día a día trabajan con ese mismo fin. El mejor ejemplo de eso será el 5° Encuentro Latinoamericano de UTPMP, momento en que los equipos de los 19 países donde estamos presentes vendrán a exigir con fuerza y decisión que Chile cumpla con su meta, convencidos de que en este país están todas las condiciones para lograrlo y que no hacerlo implicaría un golpe enorme para un continente que en materia de pobreza y desigualdad no está acostumbrado a los éxitos.

Pero tampoco podemos entender esta meta como un fin en sí mismo: Chile puede ir avanzado en su apuesta por proveer viviendas definitivas a las familias de campamentos, pero en el camino por terminar con la exclusión nos queda muchísimo trabajo por hacer. Hoy debemos ser más audaces que nunca para identificar las actividades que nos permitan continuar realizando lo que tal vez ha sido, hasta ahora, el aporte más importante de nuestra institución al cambio radical en el reconocimiento de la dignidad de todas las personas en nuestro país y nuestro continente: la vinculación de quienes más oportunidades hemos tenido en la vida, los jóvenes universitarios, con quienes han sido históricamente excluidos del progreso y el desarrollo de Chile, las familias de campamentos. Hoy no tenemos las mediaguas que nos permitían provocar este vínculo en forma masiva y concreta. Y eso nos obliga a recordar y hacer más visibles que nunca los fundamentos de nuestra institución que se han ido forjando con la experiencia adquirida gracias a nuestro trabajo. Los mismos fundamentos que inspiran el trabajo del Techo en el resto del continente, aún cuando en la práctica estamos desarrollando intervenciones muy distintas.

La misma audacia se necesita para ser pioneros en la integración de Chile como un actor protagónico en el camino de América Latina hacia el desarrollo. A las generaciones que hoy dirigen el país les ha costado entender esta relación con el resto del continente como una condición necesaria de nuestro propio camino hacia el fin de la desigualdad y la exclusión. El Techo es hoy una institución latinoamericana, de eso no hay dudas, que requiere señales importantes del país fundador, confirmando decididamente que el fin de la extrema pobreza en América Latina sí es posible. 

Encuentro Latinoamericano de Un Techo para mi País (septiembre 2010)


En un año tan intenso y especial para Un Techo para mi País, marcado por los terremotos y las emergencias, por nuestra meta del 2010 en toda América Latina y el crecimiento propio de una institución fanática de la expansión, se vuelve imprescindible este espacio para encontrarnos, conocernos, compartir nuestras experiencias y confirmar, con la experiencia de nuestro trabajo, que las intuiciones más profundas que guían lo que hacemos están más vivas que nunca en cada vivienda que construimos, en cada asentamiento que visitamos y en cada vida que cambia (las nuestras y las de las familias) cada vez que se produce ese encuentro  entre dos extremos de la sociedad que han estado históricamente distanciados. Esto lo veremos nítidamente revisando la situación de Chile, el país anfitrión, y Haití, el invitado especial. Los dos países afectados por los cataclismos más crudos del 2010 y al mismo tiempo símbolos de los injustos extremos que conviven en Latinoamérica. El ELA es una muestra de masividad y decisión del grupo de jóvenes que hemos entendido que la superación de la exclusión se juega enfrentando las urgencias más graves del continente, y también promoviendo los hitos simbólicos que revitalizan nuestra misión y esperanzan el trabajo que estamos desarrollando en cada uno de nuestros países.

En particular nos interesa reflexionar sobre la cruda realidad de los asentamientos latinoamericanos y reforzar nuestra opción de haberlos escogido como el centro de nuestro proyecto, reconociéndolos como el mayor símbolo de exclusión de nuestros países. Y queremos ir más allá. Estamos convencidos de que terminar con los asentamientos es una condición necesaria en el camino hacia el fin de la pobreza. Eso, justamente, es lo que vuelve tan relevante la denuncia y la presión de miles de jóvenes de todo el continente junto a los dirigentes que se han transformado en protagonistas de su propio futuro, para que Chile, uno de los países más avanzados de la región, cumpla con la tarea de terminar con sus campamentos.

Que quede claro en todos los rincones de nuestra región: somos parte de la revolución más grande de los últimos tiempos, la revolución de la locura y la pasión por los asentamientos y la construcción de nuestros países desde esa realidad. No es una revolución ni armada ni ideológica, sino que es, sencillamente, la revolución de los jóvenes que después de lo que hemos experimentado no podemos mirar nuestra vida con los ojos de la indiferencia, y que por lo tanto ponemos nuestro trabajo, nuestras energías y nuestro conocimiento para construir una Latinoamérica sin pobreza.

VAMOHACELO.

Claudio Castro Salas
Director Social
Un Techo para mi País

Cuando dejen de ser noticia, ¿dónde van a vivir? (enero 2010)



El martes de la semana pasada fue un día terrible para la historia de nuestro continente. Haití, el país más excluido y empobrecido del vecindario, fue sacudido por un terremoto de 7.3 grados en la escala de Richter con efectos estimados que superan los 100.000 muertos y más del 30% de su población damnificada. Según la ONU, la catástrofe más fuerte y compleja que le ha tocado enfrentar.

El desastre en Haití es de magnitudes inimaginables: las condiciones en las que ya vivían miles de las familias que hemos visto en las imágenes que inundan los noticiarios son inhumanas. Lo eran desde antes. Hoy día el dolor, el miedo y la desesperanza que se han isntalado en las calles de Puerto Príncipe superan cualquier idea que uno pueda hacerse a la distancia. 

Un Techo para mi País tenía entre sus objetivos para este año las primeras avanzadas formales a Haití con la idea de empezar, hacia el final del año, su implementación. El terremoto adelantó nuestros planes, pero lo hacemos convencidos de que tenemos la posibilidad -y por lo tanto la responsabilidad- de generar acciones inmediatas que signifiquen una ayuda frente a este desastre. Las generaciones de jóvenes de los 15 países donde tenemos presencia hemos definido el espíritu de nuestra institución, que se caracteriza por la fuerza, la energía, la voluntad y la disposición para reconocer la dignidad de miles de familias que viven permanentemente en una emergencia que no es aceptable prolongar. Esperamos que la lamentable situación a la que hoy nos enfrentamos sea un remezón para que todo el mundo trabaje por una solución definitiva para Haití, que no se conforme con volver a las condiciones que conocíamos antes del terremoto.

Los dos últimos años nuestra organización intervino en 4 episodios de desastres naturales, en 4 países distintos. En cada uno de ellos aprendimos que luego de que la catástrofe deja de ser noticia, es muy difícil pasar de una cooperación de primera necesidad a una verdadera reconstrucción de la zona afectada. Es por eso que hemos diseñado un plan de acción que considera una intervención de emergencia, lista para ponerse en marcha apenas se supere la crisis sanitaria y de seguridad, y una intervención permanente que considera la apertura de una oficina de nuestra institución en territorio haitiano. Nuestra misión es apoyar a Haití mediante la construcción de ciudadelas de viviendas de emergencia que consideren instalaciones sanitarias y de acceso a agua, entregando una solución concreta a las familias damnificadas y que represente una nueva motivación para seguir adelante. Estas ciudadelas se convertirán en el primer paso hacia una comunidad sustentable, con el involucramiento profundo de los jóvenes haitianos en la reconstrucción de su propio país.

El 2010 será un año histórico para Chile. El bicentenario saca a relucir lo mejor de nuestra historia y nuestra gente. En forma unánime nos hemos convencido de que podemos lograr la erradicación de nuestros campamentos y terminar así con la expresión más visible de la exclusión que nos ha dañado por tanto tiempo. Pero ese tremendo hito no se justifica ni se comprende si no somos capaces de compadecer (padecer con) ni de involucrarnos con el lugar de nuestro continente donde la naturaleza ha hecho más profundas las heridas de la pobreza.

Por medio de estas líneas reitero el llamado a apoyarnos en la reconstrucción de Haití a través de nuestra web, www.untechoparamipais.org, y hacerse parte de este esfuerzo que enaltece nuestros 200 años de historia.

En política, no sirven las medias tintas (mayo 2009)



Desde que Sebastián Bowen se instaló en la coordinación general de la campaña de Frei, no se han detenido los comentarios de diarios, radios, matinales, blogs, mails, opinólogos, papás, los del Techo en otro país, federaciones de estudiantes, el amigo de la amiga, la presidenta del comité, el voluntario que acaba de inscribirse… todos tienen algo que decir sobre el remezón que ha significado en Chile su incorporación, y luego de Francisco Irarrázaval, a los comandos de los dos candidatos con mayores posibilidades de ser el próximo presidente de nuestro país. Irremediablemente no sólo se juzga la opción personal que tomó cada uno de los ex directores de Un Techo para Chile, sino que también se juzga a nuestra institución.

Y es que el símbolo no es menor. Seba y Pancho son hoy el rostro de “los jóvenes” que tan esquivos hemos sido -o tan difícil la hemos tenido- a la hora de ingresar a la actividad política contingente. Además son representantes del mundo del voluntariado, la forma de participación juvenil más reconocida y valorada por el resto de la sociedad (a diferencia, por ejemplo, de las juventudes de los partidos políticos). Y finalmente, ambos actuaron con una valentía difícil de imitar, propia sólo de quien está dispuesto a arriesgar en la vida.

Así las cosas, hay preguntas que no pueden ser más contingentes y relevantes: ¿Cuál es la vinculación entre una organización como la nuestra y la política? ¿Qué se puede esperar/exigir de quienes pasaron por el Techo y hoy trabajan en el servicio público, son candidatos, asesores, miembros de una campaña?

La primera no deja espacio a dudas. El desarrollo de nuestros países desde los campamentos, el fin de la pobreza en su forma más extrema o evidente, la inclusión de quienes no han tenido oportunidades, el contacto íntimo y profundo entre los “dos Chiles” que hemos conocido, no se pueden entender como algo aislado que comienza y termina con una intervención desarrollada por voluntarios ni con un trabajo mancomunado entre gobierno y ONG. La política es la forma de tomar acuerdos y de ejecutar decisiones colectivas que afectan a la totalidad de la población, y que tienen un especial impacto en los sectores más desposeídos que ven vulnerados sus derechos en la medida que no existan instituciones u organizaciones (idealmente donde ellos sean los protagonistas) que los resguarden. En tanto que la acción política, entendida como el servicio al bien común, pasa a convertirse en un imperativo para quien ha puesto su vida frente a la realidad de los campamentos, dejándose interpelar sinceramente por las familias con las que compartimos y trabajamos. Evidentemente no todos seguiremos una participación activa en la política, el mejor ejemplo han sido las generaciones que ya han salido del Techo y que han formado excelentes empresas, hermosas familias, o que simplemente entregan lo mejor de ellos desde la posición que les toca en la actividad que desempeñan. Pero sí que todos deberíamos entender y valorar el ejercicio de la política como un eje fundamental en el desarrollo de nuestros países, a tal punto que queremos que los mejores estén ahí. Elegir a nuestros políticos, exigirles, participar y cuidar de nuestros espacios de representación, se transforman en mínimos esperables de todos quienes nos hemos entregado por el ideal de un país y de un continente más justo y sin pobreza.

Aprovechando la segunda, me atrevo a plantearle un par de ideas/exigencias a Seba, a Pancho y a todos los que después de su paso por el Techo han tomado la opción de involucrarse en política. En primer lugar, ni ellos ni nosotros podemos ser ingenuos y pensar que con sus nombramientos ya cambió la forma de hacer política en nuestro país, porque una cosa es la intención y otra muy distinta el resultado. Desde esa perspectiva, incluso si estuviésemos frente a un montaje mediático de parte de ambos candidatos, bien hemos aprendido en el Techo que trabajando duro, juntos y astutamente, es posible lograr lo que muchos dijeron que era imposible. Deben ser extremadamente inteligentes para que este ingreso a un ambiente distinto al que han conocido hasta ahora sea tan profundo como la experiencia que tuvieron en el Techo. Quien no lo quiera así y los trate de utilizar debe creer que va por lana y salir trasquilado, igual que ese voluntario que la primera vez que fue a trabajos lo único que buscaba era conocer gente y tener unas vacaciones distintas, y que en cambio se encontró con una experiencia tan radical en su vida que jamás volvió a ser como antes.

Por último, deben tener siempre claro que el ingreso a la política de un grupo de jóvenes que fueron parte del Techo va mucho más allá que la apertura de puertas a una nueva generación, o a una institución particular. El verdadero valor y sentido de lo que están haciendo sólo se hará carne en la medida que logren insertar en las lógicas de la acción política un interés genuino y permanente por los campamentos, no con estadísticas ni informes, sino que revelando sus propias experiencias, las anécdotas que difícilmente van a olvidar, el cariño de las familias que los recibieron en sus hogares, los martillazos que se dieron al clavar el piso (con los que de paso instalaron esa triste fama de que los directores sociales no saben construir); las noches de desvelo cambiando el mundo, diseñando campañas, organizando actividades; los momentos complicados en que no sabían si esto en lo que estaban metidos era compatible con las pololas y sus propias familias; en fin, nada de esto valdrá la pena si no son capaces de mostrar el brillo en los ojos que se vio cada vez que dirigieron una reunión ampliada o que se sorprendieron de la increíble oportunidad que nos da la experiencia de los campamentos, la oportunidad de amar junto a otros nuestro país.

Mientras ustedes lo hacen bien en sus nuevos proyectos pueden estar tranquilos, porque el Techo para Educación y Trabajo, el ingreso de Un techo para mi país a Bolivia, las 10 mil familias de campamento que trabajan por su nuevo barrio, y los miles de proyectos que ocuparon su cabeza durante tanto tiempo están en excelentes manos. Tal como se ratificó en nuestro Encuentro Latinoamericano del año pasado, en el Techo queda estrictamente PROHIBIDO DETENERSE.