Es increíble como uno no se da ni cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. ¡Y lo importante que es ir masticando y dándole vueltas a las experiencias vividas! Estas últimas semanas me he dedicado a revisar mi paso por el Techo y son millones las experiencias, conversaciones, caminatas, sonrisas, llantos, comidas, penas, alegrías, martillazos, kilómetros, sellos en el pasaporte, momentos de desesperación y de sentirse en la cima del mundo, inauguraciones, español, portugués, creole, guaraní, aymara… en fin… son tantas, y tan maravillosas, que a ratos me queda la duda de si aproveché como correspondía cada uno de esos instantes, cada uno de estos años desde el 2007 que son –hasta ahora- los años mejor vividos de mi vida.
Mi relación con el Techo (cuando me refiero al Techo pienso en las personas, los jóvenes y las familias de asentamientos que SON esta institución) es una relación de amor profunda. El amor “a otro” es un amor que con el tiempo se agota, se vuelve rutinario, y por lo tanto tiene fecha de vencimiento. Lo mismo aplica para una institución, para la familia, los amigos y las novias. Y esa es la forma más usual de amar, o era, al menos, la que yo entendía antes de llegar a esta institución. En el Techo aprendí a amar “con otros”, a compartir mi vida, a construir juntos el mundo que juntos soñamos, a poseer de verdad mis pertenencias, entendiendo que solo se poseen verdaderamente cuando se comparten. En el Techo aprendí a vivir en comunidad.
Eso es lo que me llevo (y me siento extraño escribiéndolo en un solo párrafo, yo que estoy acostumbrado a alargar las cosas más de la cuenta, jaja). Por eso, simplemente en estas líneas quiero agradecerles a todos los que construyen el Techo, por ser institución conmigo. Incluso a los que no he tenido el gusto de conocer porque no dio el tiempo ni los viajes, porque se fueron antes de que yo entrara, y a los que desde hoy se sigan incorporando con las mismas ganas y motivaciones que algún día el resto lo hicimos. Y además de agradecer, les recomiendo masticar y darle vueltas a lo que están viviendo, no permitan que el día de su despedida haya la más mínima gota de duda respecto de si le sacaron todo el provecho al tiempo que estuvieron acá.
Me voy con mis convicciones y mis ideales más fortalecidos que nunca. Me voy consciente de que no habrá otro lugar como el Techo, pero no estoy dispuesto a transar nada de lo que aquí he aprendido y vivido. Me voy, también, con la ilusión de que seguiremos siendo institución desde donde nos encontremos en el futuro, trabajando por la justicia social y por el reconocimiento de la dignidad de todas las personas. Me voy feliz de ser latinoamericano y del tremendo regalo que significó conocer los asentamientos de todos los países de mi continente.
Por último, como regalo de despedida, les comparto dos textos que para mi han sido fundamentales en el proceso de entender y revisar mi paso por el Techo. El primero es un poema de Neruda, “Educación del Cacique”, que le pone algo de madurez y sabiduría a las ansiedades propias de los que queremos ser dignos de nuestro pueblo. El segundo es una oración de Luis Espinal, jesuita español que trabajó hasta su muerte por el pueblo boliviano. Se llama “Gastar la vida” y recuerda, humildemente, que no basta solo con tener ganas y hablar de gastar la vida, sino que hay que pedir ayuda permanentemente para lograrlo de verdad.
Nos vemos pronto, compañeros. Un abrazo enorme.


2 comentarios:
Me gusta mucho tu blog :) la Bele me lo pasó pq para variar te ama con locura! te deseo mucho éxito en tus próximos pasos!!!!!!
De casualidad llegue aca. Emocionante.
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