sábado, abril 30, 2011

¿Cristo o la Iglesia?



Si nos ponemos a leer la historia de la Iglesia Católica desde que Cristo murió y resucitó por nosotros, el recuento de las atrocidades, delitos, mentiras, violaciones a los DDHH y un sin número de situaciones impresentables realizadas “en nombre de Dios” puede dejar perplejo a cualquiera. El flanco de críticas y cuestionamientos, sólo por esos hechos (sin acercarse siquiera a las legítimas preguntas que un no Católico puede hacerse sobre la “pertinencia” de la Fe) es muy amplio. Y cuando desde las instancias oficiales estos hechos se callan o se desmienten sin fundamentos, lamentablemente vemos que la respuesta a esta pregunta incómoda, ¿Cristo o la Iglesia?, ha sido la Iglesia. Desde esa perspectiva, y dicho muy gruesamente, la institución que Cristo encomendó a Pedro fundar, con la condición de estar férreamente sustentada en Su testimonio de vida y con el firme objetivo de evangelizar en Su nombre, no ha estado al nivel del alto compromiso que dicha misión exige.

Una institución es la formalización de una comunidad de personas que deciden dejar de lado proyectos personales por adherir a un proyecto colectivo. Requiere, por lo tanto, renuncia, generosidad, humildad y convicción. Pero cuando ese proyecto colectivo es tan elevado como “construir el Reino de Dios en la Tierra”, entonces exige de nosotros -simples e imperfectos humanos-, esfuerzos que son indescriptiblemente difíciles de cumplir. Ser la Iglesia de Cristo debe ser de las cosas más serias y difíciles que a los católicos nos va a tocar enfrentar en la vida. Pero tal como Cristo nos enseñó, la cizaña no puede frenar el crecimiento del trigo, ni tampoco podemos olvidar que el perdón es una de las condiciones más hermosas del amor de nuestro Padre. Entonces, el error de nuestra Iglesia no ha sido ser imperfecta –porque es formada por hombres- pero sí haber sido, hasta ahora, inexplicablemente cerrada y reacia a la revisión profunda de sus propios miembros y especialmente a la revisión aguda y crítica (¿Cristo no vivió lo mismo?)de una sociedad que cambia vertiginosamente.

Luego de la “personificación” y de la alta exposición pública que han tenido los últimos escándalos de la Iglesia chilena, veo con muchísima alegría y esperanza que todas las suspicacias van dirigidas a la institución de la Iglesia Católica y no a Cristo. ¡Tal como debió haber sido siempre! No podemos ser nosotros, los cristianos, los que entregamos argumentos para que la sociedad desvíe los ojos de lo verdaderamente importante en todo esto, la vida, pasión y resurrección de Jesús que hemos recordado tan significativamente esta Semana Santa recién pasada.

Estoy convencido de que en Chile y en el mundo estamos en un muy buen momento para construir la Iglesia que Cristo exige para los nuevos tiempos. Ya mucho se ha escrito sobre eso: humildad, revisión, apertura, futuro. Ahora tenemos que, manteniendo lo anterior, ahondar en la participación laical, en creernos este cuento de que todos, juntos, somos Iglesia. Y estando ad portas de conmemorar los 50 años del Concilio Vaticano II, cuyo espíritu está más vigente que nunca, no podemos perder la oportunidad de afirmar a quien quiera escucharlo que nuestra Iglesia Católica nunca más va a dudar de optar por Cristo, a todo evento. Nosotros mismos debemos ser la mejor garantía de aquello.

2 comentarios:

Miss Marce Estay dijo...

Creo que el principal error que se ha cometido es "admirar" o a veces sobrevalorar la imagénes de quienes han seguido a Cristo, creyendo que ellos son un modelo a seguir por sus obras, por como han vivido la fe, etc.
Es importante hacer una reflexión seria y profunda para comprender que Cristo es lo único modelo a seguir, alcanzar la santidad, el resto son solo un ejemplo de cómo hacerlo.

Es importante reenfocarnos.

Cariños,
Marce Estay.

Mario Orellana Gomez dijo...

Cristo siempre estara con nostros, a pesar de todo y a pesar de todos.
Y nosotros siempre estaremos con Cristo a pesar de todo y a pesar de todos.
Una maravillosa invitacion a no encajonarnos, muchas gracias Tio Jirafa.

Saludos
Mario