viernes, mayo 20, 2011

El que mucho abarca...



Ese dicho que muchos escuchamos por primera vez cuando chicos, se hace más evidente que nunca a un día de conocer la cuenta pública que el Presidente Piñera realice, a poco más de un año de iniciada su gestión.

Esta semana el Centro Democracia y Comunidad (CDC) dio a conocer 2 informes del estado de avance de los anuncios hechos por el Presidente en su discurso del 21 de mayo de 2010 y de otros que se fueron sumando a lo largo del año. En el primero, contabilizó las iniciativas legales necesarias para dar cumplimiento a los anuncios, constatando que para ello se requería un total de 149 proyectos de ley. De éstos, existen 46 proyectos (31%) ingresados al Congreso que aún no han sido aprobados y 82 proyectos (55%) que ni si quiera han sido presentados. En consecuencia, se afirma que el gobierno sólo ha cumplido con 21 proyectos (14%) de su agenda legislativa. 

En el segundo informe, el CDC establece que la agenda de programas no legislativos del gobierno requiere 103 medidas, 67 de las cuales (65%) no se han cumplido, llegando a buen trámite las 36 restantes (35%).

Así,  el dicho “el que mucho abarca, poco aprieta” no sólo cobra relevancia producto de la inédita cantidad de promesas realizadas (que ya sólo por su extensión auguraban un bajo porcentaje de cumplimiento), sino que sobre todo por la poca habilidad legislativa de un gobierno que, simplemente, no ha sido capaz de institucionalizar a través de los mecanismos correspondientes sus legítimas aspiraciones para el país.

Pero esta situación también tiene consecuencias políticas. En tiempos en que las instituciones públicas pierden notoriamente la credibilidad de la ciudadanía, mal favor le hace a esta alicaída confianza la avalancha de anuncios realizados con bombos y platillos detrás de una promesa de gestión de excelencia. Creo que por el contrario, mucho más a tono con los tiempos y con la ética pública que especialmente los jóvenes aspiramos a encontrar en nuestros representantes, hubiese sido un gobierno caracterizado por el trabajo silencioso y en terreno, con logros que se hacen grandes no por lo rimbombante de sus anuncios sino que por la valoración de la ciudadanía, la participación de los beneficiarios y el riguroso –pero efectivo- cumplimiento de un programa que ya desde la campaña presidencial sonaba ambicioso, pero que lejos de ir reduciéndose por su cumplimiento, se ha ido agrandando con más y más objetivos que se le suman.

Ya sabemos que este es el estilo que le permitió a la Alianza llegar a ser Gobierno. Espero que todos hayamos aprendido que el desarrollo del país no sólo se juega con un ideario de eficiencia y efectivismo, sino que por sobre todo en transformaciones profundas que requieren tanta urgencia como profundidad, diálogo e institucionalidad. Algo de esto hemos visto esta última semana con la tramitación en el Congreso de la ley de postnatal, y ahora sólo resta esperar que se convierta en un sello, de verdad, de la nueva forma de gobernar. Mientras tanto, que se prepare y que aprenda la oposición, que es cosa de tiempo para invertir los papeles, esperemos, con una nueva generación liderando el barco.

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